La naturaleza de la dictadura, los normalizadores y la oposición (3)


Por Manuel de la Mancha, que era yo en El Pitazo

Es común que la gente sienta que un proceso ya consolidado está aún en tránsito. La gente suele descubrir los hechos históricos cuando ya han sucedido y no antes. Eso diferencia a quienes logran atinar el “antes de que suceda”; quienes descubren con anterioridad la “tendencia” para incidir positivamente en ella, y quienes no. A los primeros se les llama “dirigentes”. Y sucede hoy, sobre todo, por la vertiginosidad de los acontecimientos. Y es que hay quienes ven aún un “resquicio de salvación” de la democracia bajo el dominio hegemónico de unos delincuentes.

La democracia no está en “los estertores de la agonía”. En Venezuela ha sido conculcada de forma total. Pero todo momento histórico contiene las formas pasadas y futuras en las que se desarrolla la sociedad. Quizás por eso algunos ven “resquicios” de salvación. Pero es la dictadura y no la democracia la que prevalece. Esa debe ser nuestra comprensión. Forma parte de la naturaleza delictiva de quienes regentan la nación.

Yendo más a fondo pudiéramos decir que, en general, la democracia liberal ya no logra atemperar las contradicciones cada vez más agudas del régimen imperante a nivel planetario. Y en eso, los ejemplos sobran. Pero es que en nuestro caso, la democracia ha sido maniatada, torturada y muerta definitivamente, aunque sea la aspiración generalizada de una sociedad momentáneamente derrotada. El sueño que despierta para ser alcanzado, pero que requiere una gran y desvelada batalla.


La trampa de la apariencia

El carácter delictivo del grupo en el poder necesitó erradicar la democracia por “falta de utilidad” e insalvable contradicción con sus intereses. Su punto de inflexión fue el 28 de julio de 2024. Pero quien percibe aún algunos “resquicios democráticos”, sucumbe a una trampa. También están los normalizadores, de los cuales no vale hablar. Estos no padecen de ingenuidad.

Para alguien poco avisado, los minúsculos espacios en los que se expresa la crítica o la diminuta “libertad” que les permiten a algunos en sus estridencias, dan la apariencia de “agonía democrática”. Alegría de tísico, diría el pueblo. No comprende el ingenuo que el uso discriminado de la “libertad” no supone un resquicio, sino un recurso de legitimación en dos direcciones. Los delincuentes buscan abaratar los costos que genera la continua represión; y brindar precisamente esa “apariencia de resquicio democrático” como suculenta carnada para los poco avisados, sobre todo en el terreno internacional. Esto es, los supuestos resquicios son sainete para la legitimación de su actuación criminal. Es la mascarada de un delincuente con talento estratégico.

Esta especificidad dentro de la conducta delictiva de la dictadura, reviste una importancia principal en la caracterización general. Es aquí donde se generan las coincidencias entre ingenuos, los normalizadores y los alacranes, embarrando inoportunamente toda la acción sincera y humana que pueda haber en quienes ven resquicios donde ya no los hay.

Ha sido una de las principales herramientas de juego de los malandros en el poder, cuyo ejercicio -hemos dicho anteriormente- no es político sino delincuencial. Hacen creer en una “salida negociada”, jugando con el anhelo sincero de la gente honesta; ablandan las fibras e instintos de defensa de sus víctimas y luego avanzan sobre la presa. Son formas más o menos conocidas que usa un secuestrador, un extorsionador o un pederasta cuando comete su delito. Es la naturaleza psicopática del comportamiento criminal, de la cual no podemos desprendernos a la hora de analizar la cosa.

Y es que algunos se mantienen aferrados a lo que sí fue resquicio en todo el período anterior. Ese último fue aprovechado con habilidad por la oposición hegemónica, agrupada en torno de María Corina Machado. Algunos creen que las condiciones que permitieron la indiscutible derrota de la dictadura el 28J, se mantienen. Que aún hay espacios de actuación democrática o que la Constitución aún puede ser salvada, sin percatarse que ha sido vaciado su contenido en derechos civiles, deberes del Estado y soberanía, tanto popular como territorial.


¿Pasar la página?

Hoy pudiéramos decir que hay que pasar la página, pero no hacia el olvido sino para construir la conciencia y convicción de que hemos entrado en un periodo distinto en la lucha política por la salvación de Venezuela. Quizás, y rogamos sea así, en la última y vertiginosa etapa de la liberación.

A estas alturas es ingenuo pensar que exista azar o irracionalidad en 2.000 encarcelamientos postelectorales. Esas detenciones y torturas son una actuación consciente y premeditada. Son el castigo a la irreverencia de las clases populares, acompañado de la búsqueda de quiebre en las estructuras orgánicas que vinculan a la oposición con la sociedad. No es una acción fortuita. Además, ha sido claramente dirigida a limitar al máximo las capacidades de una dirección política, e incluso a impedir el restablecimiento y capacidad de respuesta de esa dirección. No había azar, aunque a muchas víctimas se les haya capturado “por azar”. Son cosas distintas, la definición de una política que su concreción material.

Pero esta actuación forma parte del terror que busca causar un delincuente a su víctima. Es la naturaleza de la actuación criminal, de la hegemónica “ideología del delito”, sobre todo cuando las condiciones del delincuente están totalmente limitadas al uso de su fuerza y capacidad de sometimiento, y nada más.

Tienen el control casi total de las fuerzas policiales y el dominio hegemónico gansteril de las FA, lo que supone el monopolio de la violencia. Del lado de la sociedad y de la oposición no existe capacidad de reacción en ese terreno. Eso constituye la principal limitación opositora y al mismo tiempo, su inmensa y poderosa ventaja. El poder telúrico de las mayorías nacionales no se ha hecho sentir, luego de una derrota circunstancial y contra esa fuerza no valen ejércitos. Pero, en el grado de conciencia de una dirección política y en el que se desarrolla en el pueblo, está sin duda la llave que abre la compuerta hacia la liberación, pero la forma de ejecutarlo merece una nueva entrega.

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