Cosas de las que la izquierda latinoamericana deberá hacerse cargo (1)
Por Jesús Noel Hermoso F.
Marisela Parra recibió una video llamada. En la pantalla de su teléfono apareció un agente de contra inteligencia militar diciéndole que vería a su hijo. Una madre es capaz de todo por ver a su prole cuando se sabe desaparecido. Leonardo emergió de pronto en la imagen. Marisela, en lugar de tranquilizarse, quedó petrificada de dolor. Su hijo, el pequeño, estaba golpeado y con un collarín de cartón alrededor del cuello. Tenía un vendaje amarillo que cubría lo que parecía una herida y su rostro, raído a golpes, mostraba un padecimiento extremo, como el que puede tener un hombre del que recientemente han abusado.
Leonardo trabajaba para la Dirección General de Contra Inteligencia Militar (DGCIM) en Venezuela. Sus propios compañeros lo capturaron y ellos mismos ejecutaron su tortura. Fue brutal. El funcionario que llamó a Marisela le espetó una orden: “Dónde está tu otro hijo. Dónde está Leandro”. La madre quebró en llanto, sin saber qué decir.
Esto no es ficción. Y no termina acá. En Venezuela, estos episodios son regulares y han sido documentados ampliamente, además de tener como testigos, en varios casos, a los propios funcionarios de los organismos en los que se ejecutaron tales delitos contra la dignidad humana. Esto es: son hechos probadamente reales.
¿Es posible justificar tales actos en nombre de alguna causa? ¿Es humanamente posible decir que esto ha sido falso, cuando los testigos, víctimas y perpetradores lo han admitido en cientos de oportunidades? Sí, es posible.
Irracionalismo, la barbarie “progresista”
La irracionalidad es uno de los más peligrosos padecimientos hoy. No sólo se evidencia en el delirio de los seguidores de la derecha liberal, que han destruido el sentido más elemental de humanidad, compasión, empatía y sentido de justicia. La izquierda, o eso llamado progresismo, gentes que se sienten incluso revolucionarios y hasta comunistas, han sido capaces de negar de forma rotunda la realidad. No importa cuántas pruebas existan.
La irracionalidad como pulsión y el irracionalismo como posición política, han crecido en las filas de la izquierda y de los revolucionarios. Incluso en asuntos menores como las evidencias de los errores sobre una posición política o un asunto de la teoría o la realidad, hasta negar abusos como los arriba descritos.
La sociedad enfrenta un punto de no retorno. Los crímenes negados en Gaza dan tanto espanto como los crímenes negados en Venezuela. No como comparación de crímenes, sino por la forma en que son negados. Siendo ambos actos despiadados e inhumanos, pasan a ser justificados en nombre de cualquier pseudo “verdad”. En nombre de cualquier ”causa justa”, en nombre de la “unidad de una facción política” en torno de algún líder, o de la “identidad territorial” de un país arbitrariamente arrebatado.
Los hechos del caso
Leonardo Chirinos Parra fue detenido el 21 abril de 2020 y Leandro, su hermano, fue capturado el 12 mayo de ese año. Ambos fueron involucrados en la "Operación Gedeón" sin ninguna evidencia de participación ni prueba demostrable. Nada indica que hayan estado involucrados. De hecho, Leonardo fue capturado en las propias oficinas del Dgcim. Pero supongamos que ambos estaban de verdad involucrados en dicha operación, que demostradamente fracasó. ¿Algo pudiera justificar los hechos descritos? Todo es peor.
Durante las audiencias judiciales, tanto Leonardo como Leandro, junto a otros detenidos, gritaron públicamente ante el juez que estaban siendo torturados y que habían sido sometidos a violaciones sexuales por parte de sus captores. La tortura suma ahora el padecimiento personal de su divulgación. Tal era el desespero de los detenidos que lo gritaron a viva voz.
Su madre detalló que ambos fueron sometidos a torturas sistemáticas. En el caso de Leonardo, los torturadores realizaron aquella videollamada para mostrarle su estado y, con ello, obligarle a revelar el paradero de Leandro, su otro hijo. Las torturas continuaron durante su reclusión, incluyendo exposición a veneno físico y psicológico, con el fin de extraer confesiones falsas. Leonardo fue involucrado por ser hermano de Leandro. ¿Algo humano puede justificar esto?
El juez Cuarto de Control con competencia en delitos asociados al terrorismo en el Circuito Judicial Penal de Caracas José Mascimino Márquez García, actualmente detenido por presuntos actos de corrupción, fue quien emitió la sentencia. Los expedientes judiciales fueron manipulados y se alteraron las fechas de detención. También se fabricaron pruebas inexistentes para vincularlos a la "Operación Gedeón". Ni el juez ni los fiscales intervinieron ante las denuncias de torturas durante los procesos; al contrario, facilitaron la continuidad de los abusos.
El patrón indica una política de Estado
Lo más devastador es que son hechos repetidos en cientos de casos. Niños, niñas y adolescentes han padecido exactamente los mismos vejámenes. Los casos han sido documentados y, por ser públicos, han causado un profundo daño, irreparable para las familias, incluyendo trauma psicológico permanente, separación forzada y estigmatización social, y con efectos devastadores en la sociedad.
¿Qué izquierda, qué progresismo, qué revolucionario puede dejar de denunciar con toda energía estos hechos, so pena de no querer retratarse junto a las bravuconadas retóricas del imperialismo gringo? La diferencia está en que en Venezuela el padecimiento de la tortura es directo e irreparable para miles de detenidos. La cifra más reciente eleva a 1.082 presos políticos en Venezuela. La ONG Justicia, Encuentro y Perdón reportó el 18/12/2025, que 91 padecen enfermedades graves, incluyendo cáncer avanzado y patologías cardíacas sin atención médica.
De acuerdo al Observatorio Venezolano de Prisiones, la cifra asciende a 25 presos políticos muertos bajo custodia estatal desde 2015, por falta de atención médica en enfermedades prevenibles, tortura y asesinatos, como el caso del capitán de corbeta Rafael Acosta Arévalo, quien murió el 29 de junio de 2019, a pocos días de ser presentado en una silla de ruedas ante el juez, a quien le dijo, ya casi sin aliento, que estaba siendo torturado.
No hay excusa para el silencio. Mucho menos para el apoyo a una dictadura criminal como moneda de cambio para condenar la amenaza imperialista que pretende derrocarla. Si la izquierda olvidó la empatía, es momento de reflexionar otra vez sobre la frase de Ernesto Guevara: “Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario”.






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